#ReformaUrbana, en la mira

Por Mariana Orozco, @@morozca , 30 de August de 2012

Si eres un ser humano y vives en México, te interesará saber que en 1976, mientras un nuevo presidente llegaba al poder y en medio de una crisis económica (otra), nuestro país aprobó su “Ley General de Asentamientos Humanos”.

La fiebre electoral pasó, el peso bajó, subió, se estabilizó, bajó otra vez y las dinámicas sociales globales convirtieron a las ciudades en los lugares más atractivos para la raza humana, al ofrecerle oportunidades de empleo, vivienda, alimento, seguridad, intimidad, interacción social y oportunidades de superación ante el endeble panorama.

Nuestro territorio nacional no fue la excepción de esta tendencia mundial, nuestros abuelos se asentaron principalmente en 12 centros urbanos. En 1986 ya existían 26 metrópolis, en 1993 se identificaban 37, para el 2000 había 48 y en 2005 los mexicanos nos conglomerábamos principalmente en 56 zonas metropolitanas.

La interdependencia  económica y social entre ciudades generó espacios físicos complejos: edificaciones y conexiones entre asentamientos humanos ineficientes y formas administrativas inoperantes, estas necesitaban de la coordinación de presidentes municipales y gobernadores, así como de una gestión adecuada por parte de sus equipos de gobierno. Sin embargo, los intereses particulares y la falta de un adecuado marco legislativo dificultaron la implementación de las soluciones que se necesitaban. El resultado: ciudades expendidas a más no poder, tráfico a todas horas y zonas que no invitan a nadie a sentirse seguro.

Diputados y Senadores desfilaron por el Congreso de la Unión con  iniciativas y reformas constitucionales y de leyes, intentando dar solución a los problemas causados por un acelerado y descontrolado proceso de urbanización. Sin embargo, desde 1983 y hasta el 2004 ninguna asamblea federal logró que las acciones implementadas en las zonas metropolitanas respondieran a una planeación a largo plazo, ni que, a pesar del cambio de administraciones, sus gobernantes dieran continuidad a ellas.

La tendencia dice que para 2030, 70% de la humanidad vivirá y consumirá en ciudades, además de que un cuarto de las emisiones causantes del cambio climático vienen del transporte. Tanto las posibilidades de desarrollo económico y social del país como las de que nuestra especie continúe habitando el planeta, han quedado en manos de algunos constructores, grupos  inmobiliarios y funcionarios, rebasados en cuanto a sus capacidades de gestión pública. La sociedad civil y la academia continúan siendo los grandes sectores ausentes en las discusiones para construir nuestras zonas urbanas y actualmente aún no existen lineamientos técnicos que bajo criterios de equidad, integración social, desarrollo económico, sustentabilidad y medio ambiente,  definan el tipo de infraestructura que dote de servicios y mercancías a los citadinos.

Sin embargo, en 2010 diputados y senadores de todos los grupos parlamentarios integraron una mesa interparlamentaria, y consultaron a un considerable número de gobiernos locales, grupos de la sociedad civil y especialistas, con el objetivo de construir colectivamente un marco normativo eficaz en materia de Desarrollo Metropolitano.

La cámara de diputados consensó y aprobó la “Iniciativa con Proyecto de Decreto” por la que se reformarían diversas disposiciones de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en Materia de Desarrollo Urbano y que ayudarían a “distribuir con mayor precisión las atribuciones y responsabilidades entre los estados en materia metropolitana, incluyendo las relativas al derecho a la vivienda”, así como “definir los lineamientos de planeación y ordenación territorial y aquellos a los que deba sujetarse la dotación de servicios públicos y equipamiento urbano, la construcción de vivienda y las bases para la participación social en materia de asentamientos humanos”, según se lee en la iniciativa.

A pesar del trabajo realizado en San Lázaro y de contar hoy con una “Propuesta de iniciativa de Ley General de Asentamientos Humanos, Desarrollo Urbano y Ordenación Territorial”, desarrollada por técnicos y ciudadanos, la Legislatura LXI será recordada como la que tuvo una gran oportunidad para transformar el contexto mexicano y la dejó ir.

La cámara alta no llevó a cabo las negociaciones y votaciones necesarias para aprobar la reforma propuesta y las consecuentes modificaciones legales fueron archivadas en el cajón de un escritorio de la nueva sede del Senado.

En 2012 tendremos un nuevo presidente, la fiebre electoral pasará, el peso volverá a bajar, subirá, se estabilizará otra vez y las dinámicas sociales en México seguirán sujetas a las tendencias globales de distribución e interacción poblacional.

Pero no nos rendimos. Esperamos ansiosos el interés prioritario de nuestro futuro presidente y de su gabinete por el tema urbano, así como de nuestros legisladores federales por la reforma urbana que el país necesita. Si el gobierno entrante pretende asegurar la calidad de vida de su población y garantizar el desarrollo económico y social del país, tendrá que voltear necesariamente a sus zonas metropolitanas -existentes y futuras-. Es por ello que, si queremos soluciones para nuestras ciudades, en las que hoy ya vivimos más del 75% de los mexicanos,  proponemos tener presente esta pendiente reforma urbana, para lo cual en Twitter ya se está usando la etiqueta #ReformaUrbana.

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