Pedestre

Rodrigo Díaz

El policía de concreto

Por , @pedestre , 13 de November de 2012

A diferencia de lo que ocurre en todo el mundo, las millones de jardineras esparcidas en el DF no apuntan a ni un fin ornamental o ambiental, entre otras cosas porque es común que no haya ni un árbol, arbusto o plantita posado en ellas. Su razón de ser es la de evitar la presencia de ambulantes, tarea que en otras urbes, menos desarrolladas, se encomienda a la policía u otras autoridades públicas encargadas de velar por el respeto irrestricto a la legalidad vigente.

Maravilloso dispositivo de economía legal–espacial, la jardinera posee varias ventajas sobre sus símiles de carne y hueso:

No cobra sueldo. Con el salario de un policía se pueden construir varias que cumplen más o menos la misma función.

No se enferma física ni mentalmente.

No descansa ni sale de vacaciones.

No jubila.

No es objeto de sobornos.

Su interpretación de la ley no es objeto de discusiones.

No arma sindicatos ni tiene líderes vitalicios. Sí controla plazas, pero no laborales.

Podrían ser reemplazadas por fosos con cocodrilos o minas antipersonales, pero ambos recursos resultan un tanto onerosos, generando además efectos colaterales que no se condicen con una ciudad de vanguardia.

Garante del estado de derecho en las calles, la jardinera llegó para quedarse. Los que nos quedamos sin lugar somos aquellos que pensamos que el espacio público es para caminarlo y gozarlo, problema menor que se puede resolver dentro de un centro comercial.

Esta entrada fue publicada originalmente en el blog del autor, Ciudad Pedestre, el 17 de agosto de 2012. el Para ver más imágenes visita el texto en el blog de Rodrigo.

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  • salvolomas

    Los efectos colaterales de tener ¿gobiernos? que no cumplen ni hacen cumplir las leyes, ‘no queremos derramamiento de sangre’ es la cantaleta de los cobardes y pusilanimes.