El peatón del aire

Emmanuel Ordóñez Angulo

El arte de la guerra

Por , @eoran , 28 de noviembre de 2012

Dicen que Alfred Nobel estableció los premios homónimos para redimirse por el uso militar que se le dio a su invento más conocido: la dinamita. Y dicen que Albert Einstein llamó “el error más grande de su vida” a la carta que dirigió a Franklin D. Roosevelt para comunicarle la posibilidad de aplicar la reacción en cadena a un arma contra las potencias del Eje.

La ciencia, como el arte, es anterior a todo; pero igual de natural es la pulsión de guerra, permiso necesario para la transgresión de matar. Su relación (guerra y ciencia) es tan vieja como las dos, sobre todo si se entiende la segunda desde su madre: la filosofía.

En un artículo titulado “El arte de la guerra”, de la revista Frieze de hace seis años, otra vez vigente hoy, el escritor Eyal Weizman explica cómo las Fuerzas Israelíes de Defensa crearon el Instituto de Investigación en Teoría Operacional para entrenar a sus soldados en la lectura de, entre otros, los filósofos Gilles Deleuze y Felix Guattari, y usarlos para concebir novedosas estrategias militares.

En su colaboración Mil mesetas, Deleuze y Guattari proponen los conceptos urbanísticos de espacio liso y espacio estriado: el estriado es un espacio diseñado desde el poder para contener a los individuos, una cuadrícula rígida que define límites y cadenas; el liso, un espacio flexible habitado por una multitud nómada que se mueve a voluntad y que repuja los límites del espacio todo el tiempo, como explica Anne Querrien en su texto “Architecture, espace et capture” (Arquitectura, el espacio y la captura), publicado en la revista Séminaire en 2005. Vista así, la calle es un espacio estriado: avenidas definidas que se entrecruzan, que inician y terminan, con dirección y sentido inamovibles; pero puede convertirse en un espacio liso: dentro de prácticas como el parkour o el ciclismo, uno no camina por la calle sino que la navega porque se convierte en agua.

Lo mismo dentro de un cuarto de guerra. Aviv Kokhavi, general brigadier de las Fuerzas Israelíes de Defensa, comandó un asalto a la ciudad palestina de Nablus en 2002 en la que las FID no utilizaron “ninguna de las calles, caminos, avenidas o patios que constituyen la sintaxis de la ciudad,” sino que se movieron horizontalmente, a través de las paredes, y verticalmente, a través de los techos. Tal cual: haciendo explotar hoyos. Brillante alumno de Deleuze y Guattari, Kokhavi explica: “este espacio que ves […] no es más que tu interpretación de él.” La idea es interpretar la ciudad como espacio liso y no como espacio estriado, que es como el enemigo lo interpreta. Así, los blancos de la armada se protegen de las puertas y ventanas, espacios tradicionales de entrada, pero no del piso que los separa del departamento de abajo. Por eso, desde ahí es el ataque.

Después de la publicación del artículo de Weizman, Kokhavi amenazó a la revista Theory and Criticism con demandar si publicaban su traducción al hebreo, alegando acusaciones falsas. Sean falsas o no, el hecho es que hoy Palestina está de nuevo bajo fuego israelí, y que ellos, a diferencia de los otros, no tienen una escuela específicamente concebida para convertir los libros de filosofía en balas.

Deleuze y Guattari murieron en los noventa, pero si vivieran, ¿se sentirían como Alfred Nobel?

El arte de la guerra (en inglés), de Eyal Weizman

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  • José

    Padre enfoque!