Oscar Montiel

Una ciclista más atropellada: la impunidad mata

Por , @tlacoyodefrijol , 11 de February de 2013

En este continente es impresionante la cantidad de muertes por atropellamiento al día. Sólo es necesario escribir “atropellado”, “atropellada” o alguna de sus variantes en algún buscador de noticias para ver la cantidad de resultados que aparecen. Nos hemos vuelto insensibles al respecto. Olvidamos que atropellar implica que una persona golpea a otra, generalmente con un vehículo de varias toneladas y, usualmente, quien es golpeado muere.

En el caso de los ciclistas existen las  llamadas “bicicletas blancas”, las cuales son colocadas y usadas para recordar que alguien murió por culpa de otra persona que manejando un vehículo motorizado se descuidó. En palabras de la página de “Bici blanca Guadalajara”, ciudad donde se han instalado 105 de estas bicis desde 2010, este símbolo es “un pequeño y sombrío memorial para los ciclistas que son asesinados por un vehículo automotor. Un recordatorio de la tragedia que tuvo lugar en la calle, una declaración en apoyo al derecho de los ciclistas para viajar seguros por cualquier calle de la ciudad”. Esto se podría ampliar a los peatones. Cuando caminamos somos todavía más vulnerables y mucho más abusados, no sólo por coches y camiones, sino por los mismos ciclistas, que muchas veces perdemos perspectiva sobre el respeto.

El miércoles pasado, 6 de febrero de 2013, un camión atropelló a una joven ciclista en la Ciudad de México. La realidad es que sobre este accidente, lo que debemos hacer como comunidad ciclista y un análisis bastante profundo sobre el fallido ordenamiento del transporte en la ciudad, ya lo hizo @NorthBoundNomad en su blog personal, así que lo que yo quiero es ver un poquito más allá del crimen que cometió el camionero a través de su acción, que de haber sido respetuosa, probablemente hubiera cambiado completamente la historia: el conductor del camión se pasó un alto.

Aunque es algo que probablemente muchos hemos hecho, hay un problema más grave: esta y muchas otras decisiones que tomamos y afectan a otras personas, quedan impunes. Al conducir un automóvil me paso un alto, me estaciono en la cebra peatonal, me subo a la banqueta, le pito al ciclista porque me estorba, le pito al peatón porque me estorba, uso el teléfono mientras manejo, me meto a los carriles donde no deben entrar los coches… Esta es una lista que cualquiera que viva en México podría alimentar fácilmente. Es el uróboros del que hablaba en la entrada anterior.

Y las autoridades, ni pío. Pues es que es normal. En una ciudad tan grande, obvio que va a morir gente, ¿no? ¡Pues no! Si el diálogo en torno al tema no viene de Seguridad Pública o de Transportes y Vialidad, que venga de la gente.

El primer paso sería asegurar que cualquiera que circule en cualquier aparato con motor -los cuales tienen la característica de ser pesados y alcanzar grandes velocidades- sepa hacerlo: quienes se mueven en el vehículo más peligroso son quienes deben de albergar las responsabilidades que eso implica. Además, que se hagan valer las prioridades en el uso de la calle: primero el peatón, luego ciclistas, transporte público y al final, coche, y que se sancione el comportamiento que infrinja el establecimiento de esas prioridades, además de hacer que la calle las señale. Suena tan sencillo que se pasa por alto. Es tan triste este asunto que esa es la única conclusión: deberá salir de la gente el acabar con la impunidad. Muy probablemente de la gente en bici y de los peatones, quienes representamos el 80% de los viajes en esta enorme ciudad.

Al día de hoy se canceló el ramal de transporte público de la Ruta 60, esos que atropellaron a Ilse Mariel Alonso Leal. El día sábado 9 de febrero se instaló la bici blanca en su memoria. Al mismo tiempo el GDF anunció que para los transportistas se hará un entrenamiento de conducción en bicicleta. Sin embargo, todo este ruido pasará como una muerte más si no se arregla la intersección de Delfin Madrigal, en donde fue atropellada Mariel, seguida de otras tantas que son peligrosas para ciclistas y peatones en toda la ciudad, además de regular la manera de dar licencias de conducir, no sólo para transportistas sino para cualquiera que quiera conducir un vehículo motorizado por la ciudad.

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